De vencer a Evenepoel a retirarse con 22 años: “Descubrí que el ciclismo no me hace feliz”

REDACTADO POR: Mayra Murillo

Xandres Vervloesem era una de las grandes promesas del ciclismo belga, pero la adaptación a la categoría élite lo llevó a un punto de quiebre y a descubrir que ser un profesional de la bicicleta no era lo suyo. Por eso con 22 años puso fin a su trayectoria deportiva y ahora buscará empezar de ceros desde el campo académico.

Desde juniors, Vervloesem demostraba que le esperaba un futuro prometedor. Durante la 5ta etapa de la Aubel-Thimister-La Gleize por allá en el lejano 2017 se dio el lujo de batir juntos a Remco Evenepoel y Thomas Pidcock, siendo uno de sus grandes logros como juvenil. Siempre estuvo en el top-10 de clasificaciones generales de varias vueltas por etapas para menores y de hecho, ganó la Ronde de l’Isard 2020.

Sin embargo, poco después de su victoria frente al ahora campeón del mundo, el belga empezó a conocer una realidad que poco le agradó. “La diversión empezó a desaparecer cuando llegué al equipo de desarrollo del actual DSM a los 18 años. De repente me di cuenta de que ser ciclista era mucho más que andar rápido en bicicleta. Los números comenzaron a rastrear mi vida y eso me rompió”, relató en entrevista con Sporza.

“Incluso cuando era muy joven, el ciclismo era lo único que me caracterizaba y es algo peligroso en lo que perderse. Viví como un padre porque pensé que correr me hacía feliz, pero perdí el equilibrio y era lo que menos me hacía feliz, contó. 

Producto de sus buenos resultados, ya en Lotto-Soudal, fue ascendido al bloque profesional en 2021 y lo que para muchos significaba el inicio de una gran historia, se convirtió en un calvario para Xandres. “Caer en mi primera carrera profesional fue el punto de quiebre. Me fui al suelo en Le Samyn y nunca lo superé mentalmente. Trabajé duro en los meses de invierno y después de ese accidente sentí que todos esos esfuerzos fueron inútiles”, admitió quien en ese año sólo pudo terminar 3 de 11 pruebas.

De paso ver cómo sus similares jóvenes como Evenepoel crecían a pasos agigantados y él no, lo hundió más. “Siempre me preguntaba si era lo suficientemente fuerte. Vi a mis compañeros eclosionar, mientras yo todavía estaba en la hoguera. Esto creó más presión y me hizo cada vez más infeliz”, se sinceró Vervloesem.

Y punto final de “aterrizaje”: ver que sus referentes no eran superheroes inmunes a ser humanos. “Cuando conocí a mis ídolos también perdí la pasión por el ciclismo, resultaron ser personas normales y con muchas inseguridades. Vi lo que significaban sus vidas como atletas de élite y me pregunté si eso era lo que realmente quería”, confesó sobre el enigma que finalmente lo llevó a tomar la decisión de colgar la bicicleta. 

Sabiendo lo que quería hacer, rechazó la oferta de renovación con Lotto y puso fin a su pesadillo. “No era andar en bicicleta no más. Correr otra vez me hubiera hecho más daño. Creo que otros ciclistas también sienten lo que yo siento, pero nadie quiere demostrarlo”, opinó, refiriéndose al tabú de la salud mental en el ciclismo y el deporte en general, que ha llevado a límites inimaginables a gente como Tom Dumoulin, Lennard Kamna o Leopold Konig. 

Ahora su vida estará enfocada en los estudios que dejó de un lado por el ciclismo. Retomará la carrera de Ciencias Ambientales y Naturales en la Universidad de Amberes, donde tiene el objetivo de “algún día colaborar en tecnologías innovadoras para convertir aguas residuales en agua potable”.

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