‘Secretos íntimos’ trasciende al cine hollywoodense

La expectativa alrededor de ‘Tar’, cinta próxima a estrenarse y protagonizada por Cate Blanchett, es un buen pretexto para revisitar la filmografía de su director, Todd Field.

En la emisión de este año del Festival Internacional de Cine de Venecia (la competencia fílmica más antigua del mundo) Cate Blanchett ganó la Copa Volpi. Con este hecho, la actriz une su nombre al de divas como Vivien Leigh, Sophia Loren e Isabelle Huppert quien, por cierto, la ha ganado dos veces. Blanchett también. La australiana obtuvo la copa por Tar de Todd Field, que aún no está disponible. Pero recordemos que parte del placer está en la anticipación. En espera de Tar, volvamos a otra obra de este fecundo actor y director.

Secretos íntimos (disponible en HBO Max) es un cuento en toda regla. Pero antes de entrar en interpretaciones es necesario ofrecer un dato duro: Field se tardó más de quince años en levantar este proyecto de modo que estamos ante una obra de autor, si bien la factura hollywoodense y el gozoso sentido del humor ofrecen al espectador un adecuado respiro para introducirlo en una película que de otro modo corría el riesgo de volverse pesada. Y es que los protagonistas de Secretos íntimos están obsesionados con una felicidad que les resulta imposible de obtener. Hay una mujer (Kate Winslet) que vive un matrimonio infeliz con su marido rico. Según ella misma dice, el hombre se gana la vida mintiendo, porque es publicista.

Secretos íntimos (cuyo nombre en inglés es Little Children —Niños pequeños—) inicia con Winslet batallando en un parque de juegos con su hija pequeña. La voz en off (aséptica y literaria) informa que los problemas de Sarah están relacionados con la alienación: “sonriendo discretamente, ella se recuerda a sí misma que debe pensar como una antropóloga”. Esta antropóloga de los suburbios guarda un secreto: la maternidad no añade sentido a la vida. La niña, dice la voz omnipresente, es para ella “una personita imposible de conocer”.

Una tarde aparece Brad. También él tiene problemas para soportar las cargas de la paternidad y, como ella, se encuentra a la mitad de la vida cuestionándose: ¿cómo fue que tejí para mí mismo tanta infelicidad? Ahora bien, para que esta voz de aspiraciones literarias resulte en verdad contundente, necesita presentar una amenaza que aceche a este hombre y a esta mujer que, adivinamos, están por volverse amantes. La amenaza es Ronnie, un pervertido que merodea parques y albercas buscando niños. La presencia de este hombre, más que a una película de misterio, recuerda a El Rey de los alisos, el famoso poema de Goethe. Si uno se fija hay, además, en la voz en off, un sabor que recuerda a Fitzgerald. Pero no al del Gran Gatsby sino al de los Cuentos de la era del jazz, tan criticados en su tiempo por “incomprensibles, blasfemos y por satirizar a los ricos”.

En resumen, las influencias literarias de Secretos íntimos trascienden la influencia más evidente que es, como ha señalado la crítica especializada, la de Madame Bovary. Porque si bien Todd Field satiriza a las clases altas estadounidenses mofándose de su hipocresía y su incapacidad autocrítica y si bien recrea una historia de adulterio, hay un elemento casi mágico y malévolo: El pervertido termina por producir cierta compasión que, con toda maestría, el director irá conduciendo hasta un clímax capaz de dejar al espectador más exigente con la boca abierta. Y es que El Rey de los alisos sufre también.

Secretos íntimos es la obra maestra de un artista independiente de Estados Unidos; un director que, alimentado con la literatura y el cine del mundo, produce una película que trasciende la frivolidad del cine hollywoodense contemporáneo.

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