La invasión de los ‘nepo babies’: así conquistan la pantalla los hijos de celebrities y millonarios

REDACTADO POR: Mayra Murillo

Si tu origen es de clase obrera y no tienes apellido ilustre, las puertas de los estudios están cada vez más cerradas para ti.

Empecemos con la historia de dos chicos que iban a la misma clase, en el mismo colegio. Ambos eran inteligentes, ambos eran guapos y ambos tenían vocación de actor, lo cual se tradujo en cierta rivalidad durante sus años formativos. Con  tiempo, esfuerzo y talento, los dos llegaron lejos: uno protagonizó un filme de Steven Spielberg, nada menos, mientras que el otro alternó blockbusters con cine ‘de prestigio’ dirigido por autores como Luca Guadagnino. 

Hasta aquí, el cuento es bonito. Pero, como en todo, hay matices: un relato como este no va a desarrollarse de la misma forma en un ambiente, digamos, ‘normal’ (es decir, y si hay suerte, con un pie en lo precario) que en el Manhattan opulento y exclusivo que vio crecer a Ansel Elgort (hijo de un prestigioso fotógrafo de moda y una directora de ópera) y ese Timothée Chalamet cuyos progenitores son una broker inmobiliaria y un alto cargo de UNICEF.

Dejando aparte lo anecdótico, la historia de Elgort y Chalamet revela una cuestión que viene de lejos. Desde sus orígenes, el cine siempre ha estado lleno de figuras cuyo cociente de pijerío rompía los esquemas: ahí quedan ejemplos tan ilustres como la actriz Audrey Hepburn (hija de un banquero y una aristócrata holandesa) y el director Luchino Visconti. O, mejor dicho, don Luchino Visconti di Modrone, conde de Lonate Pozzolo.

Sin embargo la proporción de individuos de clase alta en el séptimo arte (y en toda la industria cultural) está llegando a cotas de auténtica superpoblación. Algo que abarca por igual a los ‘hijos de’ de toda la vida (es decir, a gente relacionada por nacimiento con la industria) y a aquellos que, sencillamente, provienen de estamentos privilegiados.  

Más allá de memes de internet («Empezaste desde cero, pero los nombres de tus padres salen en azul en Wikipedia»), una de las primeras señales de alarma acerca de esta situación partió de The Guardian, haciéndose eco de cifras publicadas por el gobierno británico. 

Según recogía el diario, hoy en día se estima que las ‘profesiones creativas’ en Reino Unido registran un 7,9% de integrantes procedentes de entornos de clase media o baja. Entre 1953 y 1962 (la época en la que el país sentó los cimientos de su influencia post-II Guerra Mundial) ese porcentaje era del 16,4%.

La cosa viene de antes, ojo: ya en 2016, y el mismo medio, la directora teatral Nina Gold recordaba cómo los nombres más destacados en la escena de reino Unido habían pasado de ser los de Gary Oldman o Tim Roth (intérpretes tan de clase obrera como sus precursores Michael Caine o Albert Finney) a los de Eddie Redmayne, Tom Hiddleston o Benedict Cumberbatch. Profesionales que, talento aparte, vienen de la alta burguesía o de la aristocracia. 

El actor británico Tom Hiddleston posa a su llegada a la alfombra roja de los premios Tony 2021, celebrada en el Winter Garden Theatre de Nueva York.
Tom Hiddleston posa a su llegada a la alfombra roja de los premios Tony 2021.

Si esto es así en el cine británico, ¿qué puede ocurrir en un entorno como el de Hollywood, tan endogámico y sensible al atractivo del lujo? Pues lo que te estás imaginando: la New York Magazine le ha dado su portada de diciembre a un fenómeno bautizado por la voz popular como el de los ‘nepo babies’. «Nepo» de «nepotismo», claro, porque hablamos de hijos de estrellas empeñados, a su vez, en llegar a lo más alto. 

Extenso y detallado, el reportaje avisa de que el fenómeno tiene precedentes (antes de Maya Hawke, Sam Levinson o Maud Appatow estuvieron Douglas Fairbanks Jr., Peter Fonda y Anjelica Huston, por ejemplo) y de que en él también hay clases. No lo vas a tener igual de fácil si eres Gwyneth Paltrow, hija de dos pesos pesados de Hollywood, que si tu nombre es Kristen Stewart y has nacido también dentro de la industria, pero en un peldaño mucho más bajo.

Asimismo, y pese a las excepciones que puedan encontrarse, la pieza señala un conjunto de reglas generales. Por ejemplo, que muchos nepo babies cuentan con la atención de los medios desde el día que nacieron, lo cual hace muchísimo más fácil que la prensa les encumbre a la fama cuando crecen y optan, bien por dedicarse al mundo del espectáculo, bien por ser influencers a secas. 

Maya Hawke- Eleanor en 'Revancha ya' ('Do Revenge')
Maya Hawke, hija de Uma Thurman y Ethan Hawke, en ‘Revancha ya’.

El auge de las redes sociales ha facilitado aún más este acceso temprano a la celebridad, lo cual supone todo un caramelo para los estudios. Es mucho más fácil lanzar a una nueva estrella cuando esta viene ya con una cohorte de fans que pasarán de seguirla en Instagram o TikTok a hacerlo en cine o TV.

Pero quizás el aspecto más importante de haber nacido con un pan debajo del brazo es que ese pan, por metafórico que sea, sirve como ración de emergencia si tu viaje al estrellato no termina de llegar a puerto. No hablamos solo del respaldo financiero que tan bien viene mientras esperas el papel de tu vida, sino también de un número infinito de oportunidades para reconducir tu carrera si tus tentativas se malogran. 

El reportaje cita como ejemplo de todo esto a Ísadóra ‘Doa’ Bjarkardóttir Barney, hija de la músico Björk y el aclamado artista Matthew Barney. Doa ha debutado como actriz a los 17 años en El hombre del norte, cinta de Robert Eggers en la que también interviene su madre. Aunque dicho filme resultó un fracaso comercial, la joven encontró de inmediato otro trabajo como modelo para Miu Miu. Ignoramos si algún día decidirá volver a los platós. 

La actriz y modelo Doa Barney, hija de Björk y Matthew Barney.
La actriz y modelo Doa Barney, hija de Björk y Matthew Barney.

Por supuesto, esta narrativa no siempre funciona, y por cada Laura Dern que se gana nuestro amor hay cien hijos de celebrities o potentados cuyas carreras se quedan en nada. Pero, como prueban los casos de Jonah Hill y su hermana Beanie Feldstein, cuyo padre gestionaba las giras de Guns N’Roses, esa influencia puede sortear incluso el más terrible de los escollos: el físico no normativo. 

Rostros de pijos, historias de pijos

Para encontrar la consecuencia más importante de todo esto, y también la más negativa, volvemos a The Guardian. Como señala uno de los testimonios citados por el diario británico, el hecho de que las clases altas tengan una representación desproporcionada en mundos como el del cine no solo hace que estos parezcan un club privado para ‘hijos de’, sino que también determina las historias que se pueden o se quieren contar. 

El mismísimo Gary Oldman se queja de esto en la pieza, señalando que si no ha podido dirigir más filmes tras Los golpes de la vida (un drama durísimo y con cero glamour estrenado en 1997) no es por falta de ganas, sino de financiación. «El problema es que [los estudios] no quieren películas como Los golpes de la vida: quieren Cuatro bodas y un funeral», señala el actor, hijo de un marino mercante, mencionando una de las comedias posh por antonomasia. 

Como señala uno de los testimonios de New York Magazine, muchos ‘nepo babies’ no saben o no quieren retratar otro mundo que no sea el suyo. Debido a esto, las narrativas protagonizadas por personajes no privilegiados (que pueden ser dramones sociales, sí, pero también comedias o historias de género) llegan a la pantalla cada vez con menos frecuencia. Y, cuando lo hacen, es muchas veces desde el desconocimiento más sonrojante. 

De esta manera, la ecuación que iguala al artista de éxito con un hijo (o una hija) de millonarios o de estrellas consagradas acaba resultando en un empobrecimiento del panorama cultural. Por si no le bastase con determinar nuestra existencia material, la clase alta determina ahora, más que nunca en mucho tiempo, nuestro imaginario colectivo. 

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