En Tepito hay una escuela de arte al aire libre

Alejandro Caballero Valdés (“Jalar parejo es ver por el otro, antes que tú. ¿Antes que tú? Sí, que tu vanidad, tu beneficio, tus comodidades”) me invitó a escribir un comentario sobre el libro “LA ELITEP (Escuela de Arte al Aire Libre de Tepito). Un Desafío a la Creatividad Artística de un Barrio” (Derechos Reservados. Registro INDAUTOR 03-2021-080612423200-01. Primera Edición. Marzo de 2022, 200 ejemplares) de Fabiola Martha Villegas Torres. El diseño gráfico de Daniel Moreno Alanís es impecable. El dibujo a lápiz de la portada es de Alejandro, sin título, 27x 21 cm. 2021. En la contraportada se informa que tiene como figura central al artista Alejandro Caballero, por ser fundador (en el año 2011), promotor principal y maestro de LA ELITEP. Alejandro, a quien conocí por la amistad que tuve con el artista universal Raúl Anguiano, de quien fue su ayudante y discípulo, y que tengo con su viuda Brigita Liepins, “proporciona, además de conocimiento y materiales de trabajo obtenidos de sus propios recursos, un ambiente de cordialidad, respeto y colaboración. La Escuela es gratuita, con una Declaración de Principios, dando cabida a quienes se interesen en formarse en la disciplina del dibujo, de la pintura (óleo, acuarela, acrílico, mural), grabado en linóleo, modelado, escultura, artesanías, etc. Otro de sus propósitos es ayudar a los jóvenes para vencer adicciones nocivas a la salud y restaurar el tejido social del barrio de Tepito y de lugares aledaños al mismo.

En el ejemplar que me regaló, Alejandro dibujó, en la imaginaria, el ojo de Luis Buñuel que, convirtió en el imaginario rostro de Diego de Rivera quienes, simbióticamente, a través de una cámara de cine, filman el barrio de Tepito, mientras un celuloide flota al lado de un gatito en reposo (“un gatito me decía, yo soy de un barrio, de un barrio pobre y trabajador…”, dice la letra de una canción de Cri Cri).

Acepté la invitación. Al leer el capítulo 1. (El barrio de Tepito), me gustó el siguiente parágrafo: “La vecindad de Tepito retratada en el libro Los hijos de Sánchez, del antropólogo Oscar Lewis, nada tiene que ver con la pobreza folclórica del cine nacional, como en la película Nosotros los pobres”, escrito por la autora Fabiola Martha Villegas Torres, de quien al final del libro viene uno currículum vitae (ACERCA DE LA AUTORA), en el que, entre otras actividades, se nos informa que obtuvo en 1980 la Licenciatura en Historia por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Con el tema “El grabador José Guadalupe Posada”. En 2003 obtuvo el Doctorado en la modalidad tutorial en Historia del Arte por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Con el tema “El artista Alberto Beltrán”. Su trayectoria, como restauradora, profesora de tiempo completo, investigadora, autora, entre otros anteriores, del libro, Apuntes de Revolución Mexicana (2021), coautora, entre otros anteriores de libro , El minotauro triste el artista Carlos Villegas Gutiérrez (2018) y coordinadora de  libros, discos, artículos, conferencista, etc., así como otras muchas más actividades y distinciones, incluidos textos en espera de publicarse, le dan un lugar especial, en el ámbito de la creación y difusión de la cultura artística, a nivel nacional e internacional.

Es cierto, a la pobreza se le ha dado un sentido folclórico en cine nacional, como en la película Nosotros los pobres (México, 1947) de Ismael Rodríguez, de la que se comenta que es un melodrama populachero, en el que la pobreza arrabalera es una bendición y la riqueza es una desgracia desnaturalizadora. Quiero entender que Fabiola Martha Villegas Torres afirma que las  vecindades de Tepito fueron retratadas en el libro Los hijos de Sánchez del antropólogo Oscar Lewis, adaptado por Cesare Zavattini, para la  realización de la película Los hijos de Sánchez (Children of Sánchez, Estados Unidos-México, 1978). El realizador Hall Bartlett, nos muestra a un viejo patriarca viudo y pobre, quien llega a la Ciudad de México a trabaja  duro, para mantener a los hijos de su difunta, a los hijos de sus hijos e hijos, con todo y concubina, aparte que tiene otra. Una enorme familia pobre mexicana multinucler, bajo su dominio absoluto, hacinada en unos cuartuchos de vecindad y luego en una casa que él mismo construye, con el dinero que ganó en la lotería, lidiando con los problemas fuertes y crudos  que ocurren en su seno, con un final relativamente feliz.

En el capítulo 1. (El barrio de Tepito), del libro en cuestión (LA ELITEP), antes de las varias citas, del libro Los hijos de Sánchez, la autora recuerda la prosa poética de Roberto Ramos (Sombras oxidadas “Las paredes enfiladas hacia la ruina, encaminadas hacia sus orígenes, muros descarnados, muestran ya, sin ápice de rubor, su osamenta de ladrillos”), antes de ofrecernos la Cronología de Tepito (de 1337 hasta 1985), nos adelanta que trata sobre la ubicación del barrio de Tepito; la manera como se fue poblando desde tiempos prehispánicos; su conformación como semillero de oficios; el arribo de inmigrantes de diversos lugares del país; la vecindad como vivienda tradicional; su hacinamiento en los años cuarenta y cincuenta a raíz de la industrialización y el incremento poblacional; el bajo nivel educativo; la violencia familiar; las consecuencias de los terremotos de 1985; la unión a asociaciones como Campamentos Unidos; la autoconstrucción de las viviendas y la presencia femenina en la misma; el rompimiento de la mujer con los roles tradicionales de una sociedad machista y la vida cultural y artística de Tepito, la cual ha sido una arma de resistencia y supervivencia que ha generado artistas y valiosos grupos y proyectos culturales.

Después de afirmar que Tepito es un lugar que cuenta con una larga tradición histórica y al que se le han ido incorporando leyendas como del más temido y popular, la autora nos dice que el término Tepito proviene del náhuatl: TeocaltepitonTeocalli: templo, Tepitón: pequeño, o sea: Templo Pequeño. Otra versión la refiere Fray Alonso de Molina en su Vocabulario de la lengua castellana mexicana, al afirmar que Tepito significa pequeño o poca cosa y que proviene de Tepiyotl: pequeñez o Tepitoyotl: cosa pequeña, refiriendo que era un barrio menor perteneciente a un barrio mayor.

El libro es un completo documento historiográfico, al grado que se puede escribir una adaptación para el cine o, en su caso, si se quiere, producir una serie para la televisión, al tratar temas como Campamentos Unidos, después de los sismos de septiembre de 1985, Las mujeres en la autoconstrucción, Las mujeres solas, La cultura y el arte.

El meollo del asunto son, por supuesto, los Antecedentes de la Escuela de Arte al Aire Libre de Tepito (ELITEP), como Las Escuelas de Pintura al Aire Libre (EPAL), Daniel Manrique y Tepito Arte Acá, Colectivo Tepito Arte Más Acá y La Red de Espacios Culturales y Deportivos de Tepito, incluidas las actividades de su promotor central, mi amigo, el artista plástico Alejandro Caballero, algunos de sus alumnos destacados y los murales que han pintado.  

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