Turismo creativo y gentrificación urbana

Apenas en días pasados, el Gobierno de la Ciudad de México firmó un convenio de colaboración con la plataforma de hospedaje Airbnb y la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Cultura y la Ciencia (UNESCO), para impulsar a la Ciudad, como la capital del turismo creativo de América Latina y el mundo.

Este tipo de política pública podría afectar a cientos de miles de ciudadanos a través de la Gentrificación, sin considerar previamente como revertir este fenómeno. 

Este fenómeno urbano-social, que se da en muchas colonias o barrios de ciudades en nuestro país, donde a través de un largo proceso de mejoras e inversión en zonas muchas veces en proceso de deterioro pero que cuentan con todos los servicios y un valor patrimonial elevado, sus habitantes a través de los años van siendo sustituidos por otros grupos sociales con mayor poder adquisitivo. 

Actualmente en la Ciudad de México podemos observar la gentrificación en colonias como la Roma Sur, Tabacalera y Escandón en la alcaldía Cuauhtémoc, así como la colonia San Pedro de los Pinos en la alcaldía Benito Juárez, con viviendas edificadas hace décadas para renta, con gran deterioro la mayoría de éstas, de pronto ofrece unidades departamentales vía la compra, así como una gran variedad de nuevos comercios y servicios y la proximidad a polos atractivos, por lo que comienza a cambiar el escenario urbano de un barrio olvidado y en detrimento, en una atracción con incrementos en el valor del suelo. 

Así, en ese proceso de gentrificación, un barrio mejora, se encarece y sus ocupantes son desplazados por otros de mayor poder adquisitivo. 
Políticas públicas enfocadas al mejoramiento de centros urbanos, cambios de usos de suelo permitiendo usos mixtos, mayor altura en las nuevas edificaciones, mejoramiento de los espacios públicos, y la especulación inmobiliaria, entre otros, representan un conjunto de factores que promueven la gentrificación. 

Otro factor preponderante que incentiva este fenómeno, como una de sus externalidades negativas, es el turismo, que hoy aprovecha las plataformas como Airbnb en busca de alojamientos con estadías de largo plazo, de menor precio que el de los hoteles, en el centro de áreas urbanas llenas de atractivos que han crecido exponencialmente, eso favorece el alza generalizada de precios en todo tipo de establecimientos. 
Este tipo de turismo es mejor conocido como “turismo creativo” y los turistas son denominados “nómadas digitales”. 

Los nómadas digitales son personas que trabajan con internet, es decir, están conectados y los servicios que prestan son mayormente digitales, como desarrolladores de aplicaciones, instructores en línea, asesores, etc. Algunos de ellos son “Freelancers” y otros tienen ingresos pasivos a través de las marcas que publican en sus sitios de internet o redes sociales. Esto les permite trabajar en cualquier parte del mundo, y vemos constantemente este grupo de personas cambiar de domicilio con el objetivo de vivir la experiencia cultural y de aprendizaje de distintos destinos “turísticos” como es el caso de la Ciudad de México. 

En colonias como la Condesa, Roma Norte y Nápoles, existe una gran cantidad de nómadas digitales que desarrollan su actividad en cafés o restaurantes, acuden a los gimnasios, estéticas, etc, y siendo básicamente extranjeros, traen aparejado sensibles incrementos de precios en los sitios de consumo, por lo que los establecimientos suben los precios generando una gran afectación a los consumidores locales. 

La gentrificación, por una parte, afecta a los habitantes de un barrio, provocando su desplazamiento a zonas de menor valor, en sitios más distantes y con menor nivel de servicios, promueve la desigualdad, se pone en evidencia la asimétrica distribución de la riqueza y provocan una acelerada especulación del suelo. Sin embargo, por otra parte, vía la inversión, aumenta la diversidad y enriquecimiento cultural del entorno, evita la creación de guetos y se reconfiguran nuevos barrios con un desarrollo dinámico y con una renovada visión. 

Un gobierno de “Izquierda” no debería impulsar este tipo de políticas sin acompañarlas de estrategias urbanas, en polígones específicos y desde luego la consideración de un Programa General de Ordenamiento Territorial de la Ciudad, que, por cierto, sigue en proceso de elaboración sin la menor intención de ser consensuado con la sociedad en general. 

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