Esta es Isabel II de Reino Unido

inston Churchill dijo en una ocasión que, ya de pequeña, la princesa Isabel tenía “un aire de autoridad y reflexividad asombroso en una niña”. El premier británico supo juzgar acertadamente a la que sería una de las monarcas más importantes del Reino Unido. Ha sido la soberana más longeva del país y la que más tiempo ha reinado, convirtiéndose en la única que ha celebrado un jubileo de platino por sus 70 años en el trono.

Isabel se convirtió en reina en febrero de 1952 tras la muerte de su padre, Jorge VI. A lo largo de sus más de siete décadas de reinado ha visto como varias de las colonias que quedaban en el Imperio Británico se independizaban; ha vivido algunos de los momentos más tensos de la Corona inglesa, más centrados en la vida privada de sus miembros (en particular, el divorcio de su hijo Carlos y la muerte de la ex esposa de este, Diana de Gales) que en su desempeño público, por el que ha sido generalmente bien valorada; y ha afrontado momentos clave de la histórica reciente, como el Brexit (el proceso de salida de Reino Unido de la Unión Europa) y la pandemia de COVID-19.

Isabel II nació la madrugada del 21 de abril de 1926 en la casa de su abuelo materno en Londres, en el número 17 de Bruton Street. (en 1977 se colocó una placa conmemorativa en este lugar, en ocasión de su jubileo de plata). Sus padres eran los duques de York, Alberto Federico Arturo Jorge (el futuro rey Jorge VI) e Isabel Bowes-Lyon, una noble escocesa. Fue bautizada como Isabel Alejandra María, aunque en el seno de la familia real la llamaban simplemente Lilibet, nombre con el que incluso apareció como “persona del año” en la portada de la revista Time en 1929.

Cuatro años después que ella nació su única hermana, la princesa Margarita. Al contrario que Isabel, que ya de pequeña había sorprendido a un hombre de hierro como Winston Churchill por su madurez, Margarita sería la hermana “díscola” de la pareja: era famoso su carácter independiente, poco amante de las cadenas de la formalidad que suelen atar a la realeza, y a veces ácido. Sin embargo, a pesar de sus diferencias y de varios conflictos en su vida privada que surgirían más adelante, Margarita siempre manifestó un gran respeto y cariño por su hermana la reina de Inglaterra.

Ambas hermanas fueron educadas en casa por una institutriz privada, Marion Crawford. En aquel momento reinaba su abuelo Jorge V y las niñas no ocupaban todavía un lugar inmediato en la línea de sucesión, pero en 1936 las cosas se precipitaron: en enero murió Jorge V y, tras el breve reinado de su hijo mayor Eduardo VIII (tío de Isabel y Margarita), en diciembre de ese mismo año este abdicó y su hermano menor se convirtió en el nuevo rey con el nombre de Jorge VI. Esto dejaba a Isabel y Margarita como primera y segunda en la línea de sucesión, respectivamente. Ese mismo año, con poco más de 10 años, “Lilibet” se convertía en “Su Alteza Real, la princesa Isabel de York”. A partir de entonces tuvo que recibir la formación propia de una futura heredera, aunque siempre le quedó tiempo para disfrutar de sus dos grandes pasiones: los perros y los caballos, especialmente durante sus vacaciones de verano en Escocia.

Si su infancia pudo ser feliz, más allá de las responsabilidades que recaían sobre ella, no se puede decir lo mismo de su adolescencia, que quedó marcada por la Segunda Guerra Mundial. Aunque se propuso que tanto ella como su hermana Margarita fueran evacuadas a Canadá para garantizar su seguridad, su madre se opuso porque no quería dejarlas ir solas y ella misma no quería dejar solo a su marido el rey. En lugar de esto, se trasladaron a diversas residencias reales fuera de Londres – principalmente el castillo de Windsor, en Inglaterra; y el de Balmoral, en Escocia – para evitar los bombardeos de la aviación alemana en la capital.

Como heredera al trono, Isabel participó en diversas apariciones públicas y radiofónicas, y casi al final de la guerra se integró en el Servicio Territorial Auxiliar, una rama femenina del ejército que se ocupaba principalmente del mantenimiento y conducción de los vehículos. Al mismo tiempo, se le otorgaron poderes representativos para actuar como consejera de Estado en caso de que su padre se encontrara en el extranjero, haciendo incluso una visita oficial a Italia durante la liberación del país.

Una de las anécdotas más recordadas de esta época, sobre la cual se hizo incluso una película en 2015 (A Royal Night Out), es la que tuvo lugar durante el Día de la Victoria en Europa, en mayo de 1945. Ella y su hermana salieron de incógnito del palacio, con el permiso de los reyes, para vivir en primera persona las celebraciones populares de la victoria contra el Tercer Reich.

Otro de los récords de Isabel II es el de haber tenido el matrimonio más largo en la historia de la Corona británica: durante casi 75 años estuvo casada con Felipe, Duque de Edimburgo, hasta que este falleció en abril de 2021 a pocos meses de cumplir 100 años.

Isabel y Felipe eran primos segundos y se conocieron por primera vez en 1934. Precisamente desde ese año empezaron a hablar frecuentemente por carta e Isabel dijo haberse enamorado de él; en 1947, cuando ella tenía 21 años, se prometieron oficialmente y se casaron aquel mismo año. El matrimonio no estuvo exento de polémica, por diversas razones: hubo quien criticó que eligiera a un noble extranjero en vez de británico (aunque adoptó el título de Duque de Edimburgo al casarse, descendía de las familias reales griega y danesa) y que, además, tuviera hermanas que se habían casado con nobles alemanes vinculados con la época nazi; la propia madre de Isabel tenía reticencias al respecto, pero finalmente le convenció aquel pretendiente y el enlace se celebró con gran pompa, como todas las grandes ocasiones en la vida de la futura reina.

De aquel enlace nacerían cuatro hijos: Carlos, príncipe de Gales, en 1948; la princesa Ana en 1950; Andrés, duque de York, en 1960; y Eduardo, conde de Wessex, en 1964. Por su parte, Felipe fue consorte real durante 69 años, el periodo más largo de la historia de la monarquía británica, y participó en los actos oficiales de la Corona hasta que su salud se lo permitió, en 2017.

En los últimos tiempos de reinado de Jorge VI, su salud decayó e Isabel, como heredera, empezó a sustituirle en los actos oficiales, hasta su muerte en febrero de 1952. Sin embargo, la coronación de su sucesora no tuvo lugar hasta pasado más de un año, el 2 de junio de 1953. En este periodo de tiempo, Isabel sufrió un nuevo y duro golpe: la muerte de la reina madre María en marzo de 1953.

A esto se añadió un nuevo conflicto privado: su hermana Margarita quería casarse con Peter Townsend, un hombre divorciado, algo que no gustaba a los políticos conservadores ni tampoco a la Iglesia de Inglaterra, de la que Isabel se convertiría en líder al convertirse en reina. Finalmente Margarita renunció a sus planes, un suceso que supondría el conflicto más importante en la vida de las dos hermanas que, por el resto, tuvieron siempre una buena relación.

La ceremonia se preparó con gran cuidado, especialmente porque iba a ser la primera vez que la coronación de un monarca británico sería televisada enteramente: en 1937 se había retransmitido el desfile de la coronación de su padre, pero no la ceremonia en sí. Isabel tenía 27 años, pero ya estaba sobradamente acostumbrada a los baños de masas desde que empezara a sustituir a su padre en los actos oficiales.

La coronación siguió un patrón similar al de sus predecesores: una primera procesión hasta la abadía de Westminster, donde tendría lugar la ceremonia, seguida de una segunda procesión por diversos lugares emblemáticos de Londres hasta terminar en el Palacio de Westminster, la sede del Parlamento. El evento fue un éxito y millones de personas lo siguieron en las calles o por televisión. Además contó con la presencia de numerosos jefes de Estado y representantes de los países de la Mancomunidad de Naciones, además de los países de los que, aun siendo independientes, la tenían como reina por ser antiguas colonias británicas.

Como soberana, Isabel II ha sido testigo de un gran número de conflictos en el mundo y en su propio país: el apogeo y final de la Guerra Fría, la guerra de las Malvinas, tres décadas de conflicto en Irlanda de Norte que dejaron un gran número de víctimas y unas profundas heridas, las tensiones entre las naciones constitutivas del Reino Unido – en particular Escocia, que en 2014 rechazó en referéndum la posibilidad de independizarse – y desde 2016 el Brexit, que supuso la salida del país de la Unión Europea después de más de 40 años como miembro.

La reina Isabel II ha sido notablemente famosa por mantener las distancias de la política y ceñirse a su papel representativo como jefa de Estado. Muy raramente ha dejado entrever sus opiniones y nunca las manifiesta públicamente, una equidistancia que ha mantenido su popularidad entre las más altas de los países europeos con régimen monárquico. A pesar de la popularidad de la reina en sí, el apoyo a la monarquía como sistema es variable, con sondeos cada pocos años que oscilan entre el 60 y el 80% de británicos favorables.

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