La mirada de una generación deprimida y sin esperanza

El lenguaje de la puesta en escena «Jodidxs» se construye a partir de lenguajes diversos, provenientes de la danza, el teatro y la multimedia; y aborda las complejidades de ser joven en nuestro tiempo

Hace algunos años vi una obra que me inquietó y me sorprendió. Se trataba de “Infierno comprendido”, de Fernando Anacarsis Ramos, quien además de actor es dramaturgo y director de escena.

Me llamó la atención esta nueva voz en el teatro mexicano contemporáneo. No estaba haciendo el teatro de moda, no se insertó en el movimiento de moda: la narraturgia que de tanto repetirse se volvió tediosa y sumamente aburrida.

La vitalidad de la propuesta escénica de Anacarsis Ramos en aquella obra, estaba sustentada en un discurso crítico de la civilización occidental, el capitalismo, la crisis de la humanidad sumida en el abismo de los deseos que el mercado le crea al ser humano solo para aniquilar la poca autoestima que le queda, frente a las exigencias de éxito, de belleza, de salud, y otros estándares que no tienen nada que ver con el mundo real.

Pues bien, este martes asistí, años después de ver “Infierno comprendido”, a La Gruta del Centro Cultural Helénico, en donde se escenifica la obra “Jodidxs”. Debo decir que mis expectativas fueron superadas por la propuesta del creador, aún joven.

Pude ver ya una constante en la línea argumentativa, pues lo que planteó en “Infierno comprendido” sigue presente en “Jodidxs”. Que no se mal entienda. No se repite. Pero como artista talentoso, ésta hace la tarea de dar identidad a su teatro.

“Jodidxs” es la mirada de una generación joven, que mira el mundo sin esperar nada de él. Hay una crítica profunda a la enfermedad de la psique (alma), que se manifiesta en ese estado que la medicina ha llamado depresión.

Sumado a ese estado degradante en que el capitalismo realista a puesto a la humanidad y, en especial, a los jóvenes, en el que no hay más ruta que la del mercado y la cultura que lo alimenta,

Ramos hace referencias a la obra “Días felices”, de Beckett, que es también una obra del absurdo, y que refleja la incomprensión de un mundo deshumanizado y que se autodestruye. Ser feliz se vuelve obligatorio, comer sano, ser vegetariano, un estilo de vida que incluye el éxito en el trabajo, en el que los jóvenes son explotados, humillados, aniquilados.

Anacarsis hace un teatro sin concesiones de ningún tipo, rompe con paradigmas, visiones del mundo idílicas, desvela la hipocresía, se ríe de sí mismo, recurre a un humor que raya en una crisis nerviosa, cuando se olvida de la diplomacia y se va contra todo, incluidos sus compañeros de teatro.

Anacarsis construye un artefacto escénico, que también trabaja en “Infierno comprendido”. A través de ese artefacto delimita el espacio y lo convierte en símbolo del mundo.

Es una especie de carpa de circo, de cabaré, o una casa de juegos. De ahí salen los personajes que se construyen desde la óptica de estéticas diversas: queer, pop, y la caricatura. “Calamardo” (sí, el de Bob Esponja) es un personaje y también un hilo conductor de la representación; personaje que se va al mundo de sus iguales, esperando encontrar alivio a su desesperanza, pero la amargura y depresión no cambia con la mudanza, porque son parte del ser mismo en un mundo que no acaba de entender.

El lenguaje de esta puesta en escena se construye a partir de lenguajes diversos, provenientes de la danza, el teatro, la multimedia. Anacarsis recurre a las nuevas tecnologías, el video, el video mapping.

Además, se trata de una obra en donde el autor es omnipresente, se puede sentir su mirada, su voz, su estado de ánimo y, desde luego, un claro posicionamiento de su lugar en el teatro y en el mundo.

Salí con mi dolor a cuestas, como cualquier otro ser humano, de esta experiencia que vale la pena ser vivida.

Pero también con una sensación de alivio, al entender que el mundo y la humanidad no son, como en la canción, como yo pensaba; pero también con la creencia de que hay cómplices que  comparten este punto de vista crítico, que desarticula la falsedad del optimismo que se vende en la retórica del capitalismo como estilo de vida.

Me atrevo a decir que por fin empiezo a ver relevo generacional; ese relevo que esperamos por años, después de las muertes de los grandes dramaturgos y directores mexicanos del siglo XX. Anacarsis Ramos, seguro estoy, seguirá creciendo y consolidando un teatro que vuelva a reflejar el mundo y la época que nos toca vivir.

«Jodidxs» tendrá dos funciones más en La Gruta del Centro Cultural Helénico, el 26 y 27 de febrero, a las 20:00. Altamente recomendable.

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