EU, México y las crisis paralelas

El cierre de la frontera tiene su popularidad, sobre todo entre los republicanos, pero ha sido también citado como recurso posible  por legisladores demócratas como el senador Mike Manchin

José Carreño Figueras

Las crisis paralelas del fentanilo y la migración continúan y de lejos como temas centrales de la relación entre Estados Unidos y México.

Más allá del momento electoral estadounidense, que ciertamente tiene su impacto al incrementar la presiòn sobre sectores polìticos y muy concretamente sobre la Casa Blanca, la preocupación por lo que algunos consideran como «el bajo vientre indefenso» de los Estados Unidos parece extenderse cada vez más a votantes republicanos y demócratas.

Y paralelamente, ideas de como enfrentar el problema, que si bien van de la absurda idea de usar fuerzas especiales y bombardeos guiados para atacar a los carteles de la droga en México, al uso de presiones económicas para obtener la colaboración del gobierno mexicano.

«Creo que se puede hacer eso sin perjudicar a las empresas estadounidenses que dependen de ese comercio transfronterizo», indicó el fin de semana el ex aspirante presidencial republicano Asa Hutchinson, que fue también director de la Agencia Antidrogas (DEA) y ha sido abogado de una colaboración cercana con el gobierno mexicano.

En concreto, una propuesta que parece encontrar eco en Washington implicaría menos el ejercicio de medidas de fuerza como la de amenazar con desalentar el proceso de «nearshoring», o sea el regreso a México de las cadenas de producción industrial que salen ahora de China.

El cierre de la frontera tiene su popularidad, sobre todo entre los republicanos, pero ha sido también citado como recurso posible  por legisladores demócratas como el senador Mike Manchin.

De hecho, al menos según las encuestas más recientes, los votantes demócratas, parecen a favor de mantener abiertos los canales legales pero cerrar la puerta a la inmigración irregular y desde luego, ejercer mayor control sobre la frontera.

Esa posición es muy similar a la que tenían hace una década, antes  de que la entrada en escena de Donald Trump y su retórica.

De hecho, The New York Times afirma que los demócratas asumieron posiciones mucho más liberales como reacción al fortalecimiento y prominencia de grupos nativistas y supremacistas blancos en el partido republicano.

Pero ahora, la impresión de que la frontera está fuera de control -aunque nunca ha estado bajo control- y el «show» de fuerza del gobierno de Greg Abbott en Texas, son parte integral de una campaña de propaganda político-electoral para subrayar la presunta debilidad del presidente Joe Biden y su gobierno.

Pero parte de esa postura sale de la forma en que Biden y su gobierno han buscado negociar con el gobierno del presidente Andres Manuel López Obrador para convencerlo de la importancia de hacer frente común ante ambas crisis paralelas.

La situación puede leerse ciertamente como una muestra de la vulnerabilidad mexicana ante las presiones estadounidenses, pero también como una señal de la creciente integración económica y social que obliga a los gobiernos de los dos países a tomar en cuenta las necesidades y problemas del otro.

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