El gran enemigo a vencer en 2024: la desinformación

Brenda Estefan

El 2024 se vislumbra como un año crítico para las democracias, debido a la gran cantidad de procesos electorales que se llevarán a cabo en el mundo. Este año también presenciará el rápido desarrollo de una nueva tecnología: la inteligencia artificial. En este contexto, la amenaza de la desinformación se ha convertido en un problema de gran relevancia, particularmente para los países que enfrentan embates de narrativas populistas, ya sea de izquierda o de derecha, que pretenden debilitar las instituciones democráticas para implantar en su lugar la idea de líderes mesiánicos con soluciones mágicas a problemas complejos que afectan a la ciudadanía.

Los embates a la democracia en ocasiones son endógenos, pero en muchas otras son respaldados por esfuerzos digitales que se orquestan a miles de kilómetros de distancia. Abundan ejemplos de injerencia extranjera en contextos electorales. En el año 2023, se hizo público que un total de 20 medios de comunicación, entre ellos el periódico Le Monde, llevaron a cabo una investigación sobre empresas especializadas en la manipulación de la opinión pública y la difusión de noticias falsas. Tres periodistas se hicieron pasar por intermediarios de un cliente potencial de origen francés que estaba interesado en adquirir herramientas de desinformación «llave en mano». Como resultado de la investigación, se descubrió la existencia de «Team Jorge», una empresa con sede en Israel, cuyos directivos aseguraron haber intervenido en numerosas elecciones alrededor del mundo. Esta empresa ofrece a sus clientes una amplia variedad de servicios ilegales, que incluyen el hackeo de cuentas de correo electrónico, la creación de documentos falsificados, el establecimiento de una vasta red de cuentas falsas en redes sociales e incluso la inserción de artículos y segmentos en medios de comunicación internacionales.

De la misma forma que muchos de los mayores retos globales de la actualidad, la desinformación no conoce fronteras y se requiere de la cooperación internacional para poder hacerle frente. Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido han anunciado la creación de una primera coalición para luchar contra la injerencia de países extranjeros a través de la desinformación. La intención de este grupo es que otros países se incorporen a su esfuerzo con el ánimo de sumar capacidades.

El nuevo campo de batalla geopolítico incluye el espacio digital. Así como los ejércitos nacionales protegen la integridad del territorio físico de un país, ahora los gobiernos buscan medios para defender la integridad del espacio informativo.

El Departamento de Estado de los Estados Unidos ha identificado varias entidades involucradas en la propagación de desinformación, como tres organizaciones en Brasil: Fort Russ News, el Centro de Estudios Sincreticos y Nova Resistencia, que, bajo la apariencia de autenticidad y alineadas con las preocupaciones locales, difunden la ideología del filósofo ruso Alexandre Dugin. Su objetivo es unir a grupos de extrema derecha y extrema izquierda para cuestionar la democracia y alterar el orden internacional.

Hoy en día, casi el 60% de los votantes estadounidenses temen que la inteligencia artificial amplifique la difusión de noticias falsas en las elecciones de noviembre. En respuesta, Washington propone el uso de recursos del Centro de Compromiso Global (GEC), liderado por James Rubin, un ex periodista y ex asesor de Bill Clinton. El GEC ha ofrecido asistencia a países como Macedonia del Norte, Bulgaria y Eslovaquia, proporcionando herramientas para analizar la contaminación del espacio informativo y fortalecer la resiliencia contra la desinformación.

Si bien es evidente la necesidad de abordar esta amenaza, también es cierto que es necesario garantizar que estas iniciativas no se utilicen para imponer narrativas o agendas particulares. La transparencia y la independencia de instituciones como el GEC serán fundamentales para salvaguardar la legitimidad de sus acciones.

México no está exento del riesgo de las noticias falsas y la manipulación informativa; por el contrario, seremos epicentro de esta lucha sucia digital en las elecciones del mes de junio. Una mejor alfabetización digital, iniciativas de verificación de datos y códigos de conducta de los medios de comunicación pueden contribuir a mitigar el impacto de la desinformación. Sin embargo, es saludable reconocer que este es un desafío complejo y que solo a través de un esfuerzo conjunto y coordinado a nivel internacional podremos blindar la integridad de nuestros procesos electorales y la salud de nuestra democracia.

Queridos lectores, con esta columna me despido de mi espacio quincenal en El Universal. Ha sido para mí un honor y un privilegio poder compartir con ustedes durante los últimos 3 años y 10 meses mi visión como analista internacional en estas páginas. Agradezco profundamente a El Universal por brindarme este espacio para expresar mis ideas y reflexiones sobre temas globales, siempre con el respeto y el compromiso hacia la libertad de expresión que caracteriza a este medio. Como todo ciclo, llega su momento de conclusión, pero también anticipa el inicio de un nuevo capítulo en mi proyecto en medios de comunicación. Pronto nos vlveremos a encontrar en nuevos espacios para seguir explorando juntos el complejo panorama de la geopolítica mundial.

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